Una mirada a África como tablero de la geopolítica internacional

lunes, 20 de mayo de 2013

La oportunidad perdida de Mohamed VI de mantener ocupado el Sáhara Occidental y seguir quedando bien


Una de las manifestaciones Manifestación registradas en El Aaiún tras aprobarse la resolución 2099, el pasado 25 de abril. / Foto: Red de Medios Radio Maizirat.



La prensa marroquí afín al rey Mohamed VI sigue vendiendo como un gran triunfo diplomático de su monarca el haber logrado mover hilos para impedir que en el Consejo de Seguridad de la ONU  prosperase la iniciativa estadounidense sobre derechos humanos y, en su lugar, se aprobase la descafeinada resolución 2099. Todo apunta, sin embargo, a que el majzén ha perdido una gran oportunidad de lograr mucho a cambio de poco. 

Una concesión del monarca alauita en materia de derechos humanos, ya lo dije, no garantizaba una aplicación inmediata ni efectiva a favor de las víctimas  saharauis. Los casos de Congo, Ruanda o Costa de Marfil constituyen un buen ejemplo de grandes fracasos en la defensa de los derechos humanos de los cascos azules de la ONU, ya sea por lentitud burocrática o porque hay miembros del Consejo de Seguridad activamente empeñados en favorecer a una de las partes del conflicto. 

El silencio en el informe del secretario general de la ONU sobre el escandaloso incidente que le costó una brutal paliza a tres jóvenes saharauis secuestrados por policías de paisano a la entrada del cuartel general de la MINURSO en El Aaiún refleja las pocas prisas de Ban Ki-moon por rectificar los más de veinte años de inacción onusiana en materia de derechos humanos en el Sáhara Occidental.

A la hora de explicar la cerrazón marroquí la tesis más habitual es que el rey Mohamed VI se opuso al proyecto de resolución propuesto por EEUU para evitar el peligro de que los saharauis, al sentirse protegidos por la ONU, se echasen a la calle a pedir la independencia. Un sí marroquí a la iniciativa estadounidense hubiese dado una importante victoria moral al pueblo saharaui, es cierto, pero a la vez, hubiese asegurado a la diplomacia marroquí la comodidad de convertirse en la mesa de arbitraje en la parte que acaba de marcarse un tanto con una mediática concesión.  Con esa baza, a Francia, Estados Unidos y España, les hubiese sido mucho más fácil enredar al Frente Polisario en una negociación muy ventajosa para la parte marroquí, por el mero hecho de situar en un mismo plano a agresor y agredido, como si el ladrón tuviese derecho a discutir si devuelve o no lo que ha robado a su legítimo dueño.

De hecho,Gerard Araud, el embajador de Francia ante la ONU volvió a recordar, tras aprobarse la resolución 2099, que la opción favorita de Marruecos para el logro de una solución pacífica es la vía de la negociación y que el Gobierno de Hollande siempre ha considerado que la mejor forma de avanzar en el respeto de los derechos humanos de los saharauis es a través de un diálogo bilateral del Frente Polisario con Marruecos. La estrategia del principal aliado del anexionismo marroquí es clara: poner el foco en los derechos humanos y correr un tupido velo sobre el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui y el referéndum, como si los atropellos marroquíes fuesen la causa del  desaguisado y no la consecuencia del mismo. 

El propio secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, marchó en esta dirección en su último informe en el que prefiguraba un escenario dominado por la negociación entre saharauis y marroquíes en el que cada una de las partes debía prepararse a hacer concesiones y corresponder a cada “toma” del contrario, con un “daca” de igual calibre. Si Marruecos hubiese dado su brazo a torcer con las competencias de la MINURSO, ahora sería el Frente Polisario el que debería estar moviendo la ficha del  "daca", para no quedar como la parte sin voluntad negociadora. 

Protesta en El Aaiún antes de la resolución 2099.
 Pero la pelota sigue del lado marroquí y, al final, la pesadilla de Mohamed VI se ha cumplido igualmente porque la indignación ha podido al miedo y decenas de miles de saharauis se manifiestan en los territorios ocupados cada día, desde que en Nueva York se aprobó la resolución 2099.  Lo peor para el monarca marroquí es que ahora es del dominio público que la total falta de competencias de los cascos azules de la MINURSO no es normal en la historia de las misiones de paz onusianas. Persistir en esta anomalía, desacredita a la ONU y carga de razón el grito con que los saharauis exigen justicia tras 22 años de espera, sin que la MINURSO haya organizado ese referéndum que se supone era el objeto de la misión. 

Un “toma” marroquí en derechos humanos hubiese dejado fuera de lugar la agitación callejera. Aún suponiendo que el júbilo popular hubiese adquirido excesivos decibelios,  la Administración de Obama hubiese podido aprovechar el prestigio que se ha ganado ante los saharauis con su frustrada intervención para presionar a los dirigentes del Frente Polisario a favor de la calma. De no responder a sus benefactores, el Frente Polisario hubiese sido fácilmente acusado de maximalismo o, lo que es peor, de falta de liderazgo sobre la población al otro lado de los muros. 

Ahora, en cambio, los maximalistas son los hombres de Mohamed VI y quien sabe si Obama no le dice al rey alauita eso de "ya te lo dije, cabezota, que te leyeses Il Gattopardo para comprobar cómo a veces, hay que cambiar algo para que todo siga igual". En cualquier caso, es el Gobierno francés el que se ha visto obligado a recomendar al régimen marroquí prudencia y respeto a los derechos humanos en un vano intento por detener la espiral que está dejando por los suelos la supuesta “apertura” democrática del monarca alauita. Si la situación se desbordase, a Hollande no le quedaría otra  salida para intervenir del lado de su peón favorito que cruzar los dedos para que, en alguna esquina del Sáhara Occidental, surgiese una amenaza yihadista susceptible de justificar un desembarco francés en el nombre de la paz y seguridad internacional.

jueves, 25 de abril de 2013

El Gobierno de Rajoy otorga una “enorme importancia” a los derechos humanos en el Sáhara Occidental. ¿Lo sabe García-Margallo?

                                   Comienzo de la campaña de la APDHE por la nulidad de los llamados
                                       acuerdos de Madrid, el 15 de abril de 2011. Foto: Ricardo Aznar

“El Gobierno otorga a la protección de los derechos humanos en cualquier lugar del mundo y, en particular, en el ámbito del Sáhara Occidental, una enorme importancia”. Eso es lo que asegura el director del Gabinete de la presidencia de Mariano Rajoy, Jorge Moragas, en una carta dirigida a José Antonio Gimbernat, presidente de la Asociación Pro Derechos Humanos de España (APDHE). La misiva de Moragas, tiene fecha del 10 de abril, y  responde a otra carta que le había dirigido Gimbernat al presidente Rajoy protestando por la indiferencia de su Gobierno ante las recientes condenas dictadas por un tribunal militar en Rabat contra 24 presos políticos saharauis detenidos en 2010 durante el brutal desmantelamiento del campamento de protesta de Gdeim Izik, en las proximidades de El Aaiún.

La carta de Moragas (aquí la tenéis) fue escrita cuatro días antes de que la Fundación Robert F. Kennedy que preside Kerry Kennedy, hiciese público que Estados Unidos había propuesto un borrador de resolución para que el Consejo de Seguridad de la ONU que está debatiendo sobre el Sáhara Occidental diese algún tipo de competencia a los cascos azules de la MINURSO sobre las violaciones de derechos humanos en la antigua provincia española. 

El ministro García-Margallo descalificó seguidamente esta iniciativa estadounidense diciendo que es “inviable” y la opinión del jefe de la diplomacia española ha determinado que el presidente Obama acabase retirando su propuesta y se aviniese a negociar otro texto de resolución mucho más descafeinado. La clave del peso que ha tenido España contrarrestando la iniciativa de la poderosa superpotencia es, una vez más, la autoridad que España sigue teniendo en este conflicto de cara al resto de miembros de la comunidad internacional por seguir siendo legalmente la potencia administradora del Sáhara Occidental. Es un hecho que no varía con las mentiras con las que los gobiernos españoles vienen mintiendo, desde 1975, a su opinión pública y la marroquí diciendo que España ya nada tiene que ver con el Sáhara Occidental en virtud de esos llamados acuerdos de Madrid que nadie sabe dónde están archivados.


Juan Antonio Gimbernat ante el Congreso de los Diputados. / R. Aznar
Lo más probable es que cuando Moragas escribió esta nueva respuesta a las misivas de Juan Antonio Gimbernat sobre el Sáhara Occidental, el Gobierno español estuviese ya al tanto de la iniciativa estadounidense sobre derechos humanos. Suponiendo que Moragas escribiese a Gimbernat sin tener conocimiento de cuál iba a ser la postura del ministro de Exteriores caben dos posibilidades: o el Gobierno de Rajoy ha tenido un súbito arrepentimiento y ya no quiere apoyar los derechos humanos en el Sáhara Occidental, o existe una contradicción entre lo que piensan en presidencia y la línea mantenida por García Margallo, con su apoyo al rechazo marroquí a la iniciativa de Obama. Sería conveniente que el Gobierno de Rajoy hiciese una aclaración al respecto. Si responde diciendo que en su seno no hay líneas contrapuestas, entonces Moragas debería explicar cómo piensa su Ejecutivo proteger los derechos humanos en el Sáhara Occidental poniéndose del lado de los torturadores.

Alguna pista sobre este lío quizás la encontremos en esa parte de este último texto dirigido a la APDHE en la que, junto a su enérgico pronunciamiento a favor de los derechos humanos, destaca “el permanente apoyo de España a las gestiones realizadas en el marco de las Naciones Unidas en la búsqueda de una solución política justa, duradera y mutuamente aceptable al conflicto del Sáhara Occidental”. Moragas dice que esta solución debe prever la “libre determinación del pueblo del Sáhara Occidental” pero no explica cómo, a la vista de lo ocurrido con la propuesta de los derechos humanos, se pueda lograr una solución “mutuamente aceptable”, que sea del gusto de Mohamed VI. Como ya dije en Espacios Europeos, la cuestión de los derechos humanos tiene mucho menor calado de cara a una solución definitiva frente a lo que es la causa de los continuos atropellos que sufre la población saharaui por parte de Marruecos: el derecho a la autodeterminación saharaui que el reino alauita se niega a reconocer y que intenta contrarrastar con una monstruosa política genocida.

El “apoyo” a los derechos humanos del pueblo saharaui expresado por Moragas, en todo caso, un apoyo flojo y engañoso. Obvia esa cuestión que le viene planteando la APDHE a los Gobierno españoles en su campaña por la nulidad oficial de los llamados acuerdos de Madrid: que España no hace más que violar el derecho internacional con su empeño en no asumir de forma oficial e inequívoca sus obligaciones de potencia administradora y cumplir a rajatabla el art. 73 del capítulo XI de la Carta de la ONU. En este artículo relativo al grupo los Territorios No Autónomos en el que está incluido el Sáhara Occidental se dice muy claro que “los Miembros de las Naciones Unidas que tengan o asuman la responsabilidad de administrar territorios cuyos pueblos no hayan alcanzado todavía la plenitud del gobierno propio, reconocen el principio de que los intereses de los habitantes de esos territorios están por encima de todo...”

martes, 23 de abril de 2013

España y sus opciones de acción con Guinea Ecuatorial vistas por otras potencias envidiosas y competidoras

El dirigente opositor Severo Moto a la derecha de Eugenio Pordomingo (Espacios Europeos) y su lugarteniente Armengol Engonga. Todos participando en Madrid en una manifestación de solidaridad con el pueblo saharaui.
Foto: Ricardo Aznar


En la entrevista que Severo Moto (el dirigente opositor de Guinea Ecuatorial) dio recientemente a Luis del Pino en es.Radio, hubo un interesante detalle que no incluí en el comentario correspondiente (aquí lo tenéis) porque merecía una reflexión aparte. Dijo Luis del Pino que había llegado a su conocimiento un informe del CNI, nuestros servicios de inteligencia, en el que constaba en términos claros e inequívocos que en 2004, el entonces presidente de Gobierno José María Aznar se había negado rotundamente a apoyar la conspiración internacional que se había puesto en marcha para derrocar al dictador Teodoro Obiang.

Según explicó Del Pino, en este documento quedaba patente que al enterarse el CNI de la trama que se había organizado con la participación, entre otras personalidades, de Mark Thatcher, hijo de la difunta dama de hierro británica,  los espías españoles habían informado al Gobierno de Aznar. Lo sorprendente es que, según este papel secreto, la inteligencia española recomendó a Aznar que apoyase el golpe. Pero, según Del Pino, Aznar reaccionó con un "tururú", entre otras cosas, porque su Gobierno estaba en el proceso de reanudar relaciones. Estaban en marcha unas prospecciones petrolera que se suponía iban a introducir a Repsol en el mapa de las petroleras instaladas en Guinea Ecuatorial y que en principio terminaron en una retirada de la multinacional española del que ahora llaman el Kuwait de África.

El informe del CNI se supone que demuestra lo equivocados que estaban en el PSOE cuando más tarde tendieron la sospecha de que el Gobierno de Aznar había apoyado al “golpista” (el calificativo despectivo es socialista) Moto contra Obiang al que siempre obvian llamar dictador, que es lo que es. Pero, como explicaba el propio Luis del Pino todo es muy raro en los hechos ocurridos en 2004 e impiden encajar a las piezas del rompecabezas. Es más, el único hecho con cierta certeza es el que resaltó, años después, una sentencia del Tribunal Supremo: que no era instigador sino peón de los auténticos cerebros con residencia en Sudáfrica y Reino Unido.

En cuanto a la posición mantenida por el Gobierno de Aznar y los servicios de inteligencia, hay otras versiones. Por ejemplo, la de Simon Mann, el jefe de los mercenarios que desde Sudáfrica salieron en un avión privado decididos a llevar a cabo el golpe de mano que quedó frustrado por su detención y la de sus hombres en Zimbabue, donde gobernaba Robert Mugabe, otro deleznable dictador africano, muy amigo de Obiang.


Simon Mann en la portada de su libro.
En el libro que Mann publicó tras ser liberado en 2009, (Cry Havoc, escrito en 2011 y reeditado en 2012), hizo un relato de sus planes y objetivos muy distintos a los que había descrito en las entrevistas que había tenido que conceder en los cinco años que tuvo que permanecer preso en las cárceles del régimen de Obiang, después de que Mugabe lo entregase junto al resto del equipo mercenario al régimen de Malabo. Entre otros asuntos, en su obra Mann asegura que España estuvo tan implicada en la operación, como lo habían estado la CIA norteamericana, los servicios británicos o los surafricanos.

“España está apoyando el golpe y ha prometido dar al Jefe reconocimiento internacional inmediato de facto a un gobierno interino de Moto”, relata Mann al evocar los preparativos de aquella fracasada operación que debía acabar con la dictadura nguemista. Es más, para el jefe de los mercenarios este dato había sido uno de los puntos que le había infundido grandes expectativas sobre el éxito de su expedición. La razón es que, como él explica, ese reconocimiento español era “un sine qua non” para el éxito de la operación, una formalidad sin la cual no había nada. En cambio, insiste, si España reconocía al Gobierno interino de Moto como legítimo, la Unión Europea y EEUU le seguirían. Es decir, que por la autoridad que se le reconoce como ex potencia colonizadora, si España desautorizaba el golpe, nadie lo iba a legitimar y, por el contrario, si tras tener éxito los mercenarios España daba su visto bueno, el resto de los Gobiernos claves en la zona del Golfo de Biafra, se unirían al bautizo del cambio en Guinea Ecuatorial.

Estas reflexiones de Mann reflejan cómo, pese a lo que suelen decir nuestros políticos, España sigue teniendo mucho peso en relación con el único país hispano del África subsahariana, de la misma forma en que cuenta mucho la opinión del resto de las potencias coloniales en relación con la política de sus correspondientes antiguos territorios africanos.

Según Mann el apoyo español a la sustitución de Obiang no se iba a limitar al reconocimiento político. El plan preveía que, tan pronto su equipo hubiese despejado el camino y situado a Moto al frente de un Gobierno interino que debía evitar un peligroso vacío de poder, el Gobierno de Aznar  iba a enviar unos mil efectivos de la Guardia Civil a la ex colonia para asegurar la estabilidad y buena marcha de la transición.

Resulta muy llamativa la reacción de los demás servicios de inteligencia implicados que se da en esta versión. Mann reproduce el diálogo de uno de sus enlaces con el resto de los servicios de inteligencia en el que su interlocutor plantea la necesidad de  frustrar esa parte de la operación relativa al envío de efectivos de la Guardia Civil: “No debemos dejar que esto ocurra. Dejaría a España demasiado poder en la nueva Guinea Ecuatorial y menos a nosotros”. Si Mann no se lo ha inventado, fuera de España está claro que no sólo veían muy bien acabar con uno de los peores dictadores del mundo sino que, si Guinea Ecuatorial hubiese sido su colonia, se hubiesen encargado de enviar “su” equivalente a efectivos de la Guardia Civil para asegurar su posición de preeminencia frente a los aliados-rivales.

Pero Spain is different. Cuando el atentado del 11-M aupó al Gobierno socialista de Zapatero, su ministro de Exteriores Miguel Ángel Moratinos, en lugar de criticar a Aznar por ayudar a uno de los más execrables cleptócratas del mundo a seguir en el poder oprimiendo a su pueblo, no paró de hacerle la vida difícil a Severo Moto. Gracias a ello, ahora que Moratinos ya no es ministro, sigue viajando a Malabo con la misma facilidad con que lo hace a Catar, en ambos casos sin que se sepa a santo de qué. A ver si en el Congreso de los Diputados sus señorías deciden investigar.


PD. En las anteriores entradas, olvidé de incluiros un artículo que escribí para Espacios Europeos en relación al extraño trato que la cuestión del Sáhara Occidental recibe de la prensa tradicional española. Por si acaso, aquí lo tenéis:

El diario ´El País´ le pide perdón a Angela Merkel. ¿Hará lo mismo con Aminetu Haidar?

 

jueves, 18 de abril de 2013

La iniciativa de Obama para el Sáhara Occidental deja en segundo plano la preocupante dinámica del “toma y daca” de Ban Ki-moon

Debate en la ONU, 2ª parte

El secretario general  Ban Ki-moon y su enviado para el Sáharaa Occidental, el diplomático estadounidense Christopher Ross. 




Eborrador de resolución para el Sáhara Occidental propuesto por EE UU para el Sáhara Occidental ya ha tenido sus efectos sobre terreno. El más evidente, es el de los aspavientos de disgusto de Marruecos. Otro, menos visible pero igualmente importante, es que la ola de optimismo que ha generado entre los simpatizantes de la causa saharaui, ha desviado la atención del último informe del Secretario General de la ONU sobre la situación en el Sáhara Occidental. Un texto (aquí lo tenéis) que perfila un triunfo diplomático marroquí en la vertiente política del conflicto, causa del mismo y de las violaciones de los derechos humanos.

 Se supone que este nuevo informe es el documento base para los debates que, el próximo día 25, desembocarán en una nueva resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para el Sáhara Occidental. El borrador presentado por EEUU, en principio se dirige a solventar una de las consecuencias del conflicto la violación de los derechos humanos intentando ampliar las competencias de los cascos azules para que monitoricen los atropellos. Pero por muy cruel que sean las violaciones de los derechos humanos, no hay que perder de vista que son las causas del conflicto las que condicionan cuáles deben ser las medidas que den la solución que acabe con el mal definitivamente.

El problema de este informe de Ban Ki-moon, creo yo, es que si alguien nuevo en la materia tuviese que enterarse de cuál es el objetivo de la MINURSO (Misión de la ONU para el Referéndum del Sáhara Occidental) difícilmente tendría claro, tras la lectura de las 28 páginas que integran este texto, de dos cuestiones fundamentales: que el Sáhara Occidental es un territorio invadido y ocupado ilegalmente por Marruecos que controla el territorio violando los principios fundamentales de la Carta de la ONU y, en segundo lugar, que el objetivo de la MINURSO, cuando fue desplegada en el Sáhara Occidental en 1991, era la organización de un referéndum de autodeterminación. No se trata de una consulta propuesta por los saharauis sino de la medida que exige el cumplimiento de ese derecho inalienable que la propia ONU y un dictamen del Tribunal de La Haya reconocieron tiene el pueblo saharaui para decidir libremente si ser un Estado soberano, o adherirse a cualquier otra de las alternativas posibles.

Digo “era” porque da la impresión en este texto de que el plan inicial de la misión ha sufrido un cambio de planteamiento. Ban Ki-moon parece inclinarse por la tesis marroquí que asegura que el principal cometido de la MINURSO no es el referéndum sino una tarea militar que se centra en garantizar el alto el fuego. De hecho, la consulta es citada sólo transversalmente y queda reducida a la categoría de una posible opción, la del Frente Polisario frente a la opción marroquí anexionista de la autonomía.

La idea que uno saca de este texto es que hay dos "partes" en el conflicto, con la misma legitimidad y derecho a ser escuchado por la comunidad internacional: el Frente Polisario y Marruecos. No hay elementos que dejen claro que el pueblo saharaui en esta historia es la víctima  y que los marroquíes son sus agresores que ocupan el Sáhara Occidental cometiendo una flagrante violación del derecho internacional que la ONU nació para hacer cumplir.

El texto se adecua así a ese soniquete tergiversador que se ha abierto camino en la ONU de que la solución al conflicto debe ser "justa y mutuamente aceptable", es decir, tan aceptable para el ladrón como la víctima, y no la del cumplimiento de la LeyConsecuentemente, ya no se habla de cómo celebrar un referéndum torpedeado desde 1991 por Marruecos, sino de una solución negociada entre “las partes”.

En el punto 111 del informe, de hecho, Ban Ki-moon “insta” a que saharauis y marroquíes  entablen negociaciones. Lo hace diciendo algo que resulta preocupante: “En ese empeño, cada una de las partes debe aceptar que ninguna de ellas verá satisfechas todas sus demandas: más bien tendrán que aplicar una lógica de toma y daca”. Es decir, que cada “toma” de una parte, deberá ser correspondido por un “daca” del contrario.

Podría seguir hablando de lo muy favorable a las tesis del expansionismo marroquí que resulta la semántica de este informe. Pero, para que no se diga que sólo veo lo malo, añadiré que también hay cuestiones positivas para la parte polisaria. Por ejemplo, la iniciativa con la que Ban Ki-moon le ha exigido (¡por fin tras 22 años!) a Marruecos que retire sus banderas de las inmediaciones de la sede de la MINURSO en El Aaiún o que no imponga las matrículas marroquíes en los vehículos onusianos. Seguro que ambas medidas tendrán un importante impacto psicológico en la población saharaui de la zona ocupada

En el plano optimista, también está ese referencia a favor de que los cascos azules no tengan que mirar hacia otro lado cuando se violan los derechos humanos en la onda con el proyecto de resolución de EEUU.

Estos dos elementos son los que explican que los dirigentes del Polisario hayan dicho que el informe es “equilibrado”, aunque tibio. En clave positiva, sin embargo, por mi parte destacaría el punto 23 en el que consta que el presidente argelino Abdelaziz Buteflika se niega a que haya un referéndum que no de a los saharauis la opción de votar por la independencia. Este es un motivo de tranquilidad para los prosaharauis ya que Francia ahora necesita contar con el apoyo de Argelia de cara a su intervención en Malí y se supone que va a evitar posibles enfrentamientos con Buteflika en el escenario del conflicto saharaui.

Sin embargo, en esa dinámica del “toma y daca” que marca Ban Ki-moon en una salida por la vía de la negociación de las partes, hay que planterse qué margen le quedaría al Frente Polisario a la hora de cumplir con su “daca” ante un posible “toma” marroquí en el asunto de los derechos humanos. Ya hemos dicho en la parte que, pese a las apariencias, es posible que la ampliación de competencias de la MINURSO propuesta por EEUU, aunque en una versión descafeinada, acabe imponiéndose. 

 Aplicando el discurso de Ban Ki-moon el Polisario deberá entonces hacer una concesión a la altura del supuesto “sacrificio” que le supondría al rey Mohamed VI ceder en los derechos humanos, una concesión cuya supuesta importancia va adquiriendo entidad a medida que el majzén multiplica sus públicos pataleos al tradicional aliado estadounidense responsable del proyecto de resolución. A diferencia de ese otro informe en el que parecía haber introducido cambios en su discurso y roto el silencio sobre los incumplimientos marroquíes con la ONU, en este texto Ban Ki-moon hace borrón y cuenta nueva. No se dice ni mu de las continuas concesiones que, desde 1991, el Frente Polisario ha ido haciendo sin lograr ningún “daca” a cambio dejando el posible saco de sus "dacas" mermado a las cuestiones fundamentales de la celebración del referéndum y el derecho a la autodeterminación.

Esperemos que el presidente Obama tenga previsto algo al respecto. Un “daca” que alargue la perspectiva de una solución conforme a derecho, podría dar al traste con el efecto beneficioso que el "triunfo" polisario en materia de derechos humanos está teniendo entre la juventud saharaui, aplacando momentáneamente ese descontento que en la ONU tanto temen ahora que la inestabilidad reina en la región.

miércoles, 17 de abril de 2013

Iniciativa de Obama para el Sáhara Occidental: ¿Se opondrá Francia?

(Debate en la ONU, 1ª parte )



Kerry Kennedy con Aminetu Haidar a la que entregó el premio de su fundación Robert F. Kennedy por su lucha por los derechos humanos.


  
La noticia de que Estados Unidos se ha alineado con la causa de los derechos humanos en el Sáhara Occidental corrió el fin de semana como la pólvora entre saharauis y simpatizantes de su causa en todo el mundo como un nuevo síntoma de que “algo se está moviendo” en este conflicto estancado. La cuestión ahora es hasta qué punto esta supuesto cambio en la postura norteamericana puede infundir un golpe de timón efectivo a favor de una solución justa y definitiva de un contencioso en el que las violaciones de los derechos humanos son la consecuencia de la invasión ilegal de Marruecos de un territorio que no le pertenece.

Lo único que sabemos de esta novedad es lo que nos ha contado la Fundación Robert F. Kennedy cuando este fin de semana felicitó a su Gobierno por haber presentado un proyecto de resolución en la ONU para que la MINURSO (la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental), tenga competencias en materia de violaciones de derechos humanos en la antigua provincia española. No sabemos nada de los términos en que discurre lo que la fundación presidida por  Kerry Kennedy ha calificado con comprensible alegría de  “novedosa” iniciativa. El hecho de que ningún miembro de la Administración estadounidense haya desmentido la existencia de dicho borrador y la  preocupación con la que se ha reaccionado en Rabat, no sólo confirma la existencia de esta propuesta, sino que le está dando la categoría de triunfo diplomático saharaui.

Sin embargo, habrá que esperar hasta el día 25 para saber en qué queda realmente de este cambio que, de lograrse, daría a los cascos azules de la MINURSO unas competencias que habitualmente tienen todas las misiones de paz onusianas desde su primer arranque (la MINURSO inició su andadura en 1991). Será entonces cuando el Consejo de Seguridad de la ONU deberá pronunciarse sobre la cuestión en el marco de los debates que sus miembros celebrarán para decidir, como cada año, si prolongar o no esta misión que hasta ahora no ha logrado su objetivo: la celebración de un referéndum de autodeterminación al que Marruecos se opone.

No es una novedad que Estados Unidos haya tomado partido en el Consejo de Seguridad por el establecimiento de mecanismos de vigilancia en materia de derechos humanos en el Sáhara Occidental, frente a los partidarios de la posición marroquí, aferrados a una anomalía que garantiza la impunidad a la represión de los invasores. Los amigos del majzén, empezando por los gobiernos de Francia, han seguido asegurando pese a ello, que el apoyo norteamericano a la causa de los derechos humanos que pide el Polisario, no pasa de ser un espejismo.¿Podría ser el texto de ese borrador la prueba de que Obama podría simpatizar con la causa de la autodeterminación saharaui?

Se supone que si Estados Unidos ha presentado la iniciativa ha sido pactando antes con la propia delegación francesa en la ONU que es lo que se suele hacer para evitar rechazos frontales que, a su vez, generan inevitablemente conflictos diplomáticos indeseables en un contexto internacional que, desde la península de Corea, agita grandes tormentas. Nunca hay que excluir ninguna opción, pero sería de lo más sorprendente que la representación encabezada por Susan Rice decidiese salir al descubierto arriesgándose a un veto francés en la ONU como no fuese para dejar en evidencia al país que se jacta de ser la cuna de los derechos humanos y escenificar un enfrentamiento. Eso, sin contar con que los representantes de Marruecos ahora mismo ocupan uno de los asientos de los miembros no permanentes del Consejo de Seguridad.

Ahora bien: el momento es favorable para un apretón de tuercas al bando franco-marroquí.  El conflicto de Malí ha forzado un acercamiento de Hollande al Gobierno de Argelia, que en un principio se oponía a la intervención francesa y, pese a seguir escéptica sobre sus resultados, no ha torpedeado. Oponerse frontalmente a la iniciativa de Obama sobre el Sáhara Occidental echaría leña al fuego en Argel a los sectores que consideran que ese giro franco-argelino no es sincero sino puramente oportunista y teatrero. Otra cosa es que, escudándose en el previsible enfado del majzénFrancia intente aminorar el golpe  logrando una resolución que, cediendo en lo esencial, sea lo más favorable posible a la posición anexionista.  

Esta estrategia de ceder pero con un control de derechos humanos lo más descafeinado posible permitiría a Hollande no quedar como el malo de la película dejando cosechar a Obama en solitario ese súbito brote de protagonismo que ha logrado en una región donde Estados Unidos no tiene pasado colonial, dejando muy atrás a España que en cambio sigue siendo la potencia administradora del territorio. Además, aunque la ONU aprobase un cambio en la competencias de los cascos azules su aplicación no tiene por qué ser inmediata. Recordemos, por tomar un ejemplo, el caso de Malí, en el que  el Consejo de Seguridad aprobó la posibilidad de una intervención internacional pero sin ponerle fecha,  razón por la que Francia decidió actuar por su cuenta. 

Aún así, en las negociaciones que se estarán desarrollando sobre el texto definitivo será decisiva la capacidad del bando franco-marroquí por lograr un texto lo más edulcorado posible frente a la del bando que, como viene ocurriendo en este tipo de debate, defiende un texto claro e inequívoco a favor de los intereses saharauis. De ahí que Kerry Kennedy haya promovido una campaña internacional que podría dar mucha fuerza a la efectividad de una medida de protección de los derechos humanos en el Sáhara Occidental. Seguro que mañana en su intervención en Madrid junto  a Javier Bardem (pinchar aquí para la convocatoria), nos hablará de ello.

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