Una mirada a África como tablero de la geopolítica internacional

jueves, 19 de marzo de 2015

32º aniversario del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial: relato de los comienzos contra corriente de una oposición a Obiang

Acto de celebración del 32º aniversario del Partido del Progreso en Fuenlabrada. / Foto de Ricardo Aznar.



El Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial que lidera Severo Moto acaba de cumplir su 32º aniversario y sus dirigentes lo han celebrado en un acto organizado en Fuenlabrada (Madrid) en el que reiteraron ante militantes llegados de varios puntos del exilio su firme voluntad de seguir luchando contra la dictadura de Obiang. Fui una de las invitadas al evento en el que me pidieron que interviniese como testigo de las primeras andanzas del partido y, sobre todo, de la iniciativa que en 1988 convirtió esta formación en una referencia obligada de la política guineana: la operación Retorno en Libertad con la que Moto y el fallecido abogado José Luis Jones, aterrizaron en Malabo en un vuelo regular de Iberia con la intención de legalizar el partido en su país.

La Operación Retorno en Libertad respondía a un llamamiento del presidente Obiang que había invitado a los opositores a sumarse al cambio democrático que acababa de anunciar a bombo y platillo confiando, quizás, en que nadie se iba a atrever a seguirle el juego.  La razón de que yo fuese una de las pocas observadoras independientes que acompañó a Moto y su entonces mano derecha en este retorno frustrado por los modos nada tolerantes del dictador, tiene bastante que ver con las importantes complicidades que ya entonces contaba Obiang en Madrid, incluyendo todo el arco de las fuerzas políticas parlamentarias, de derecha a izquierdas, sin excepciones. Pero antes de dar cuenta de los datos que me llevaron a esta conclusión, hice una introducción respondiendo a una de las militantes guineanas más jóvenes que, poco antes de que comenzase el evento, me preguntó sobre las circunstancias que me habían llevado a compartir esa excepcional aventura con sus líderes.

Armengol Engonga poco antes del comienzo del evento./ Foto: R.Aznar/
Por aquel entonces, tenía la suerte de trabajar en un gran diario como enviada especial para África y ya había realizado algún viaje a Guinea Ecuatorial. Había entrevistado al presidente Obiang y, como manda el periodismo pata negra, había entrado en contacto con los varios partidos de la oposición guineana que habían comenzado a proliferar en Madrid.

 De todos ellos me había llamado la atención el Partido del Progreso por el tipo de actividad que desplegaba y los datos que había recabado sobre la génesis del partido.  Todo el mundo sabía que la creación del Partido del Progreso había sido impulsada por Severo Moto tras su huida a España en 1982.  Tras haber sido preso de la sangrienta dictadura de Francisco Macías, el primer presidente de la Guinea independiente, Moto había sido uno de los muchos que había confiado en las promesas de apertura de Obiang que había derrocado a su tío, en 1979. Había incluso aceptado un cargo como responsable de Información y Turismo que le permitía poner al servicio de la reconstrucción del país arrasado por el macíismo sus conocimientos de periodista formado en la Escuela Oficial de Periodismo en Madrid. Pero, al evolucionar la situación hacia una nueva dictadura bajo la batuta del entorno del presidente, se había visto obligado a poner pies en polvorosa.

Lo que muy poca gente sabía era que el acta fundacional del Partido del Progreso tenía cuatro firmas, dos de ellas ecuatoguineanas y las otras dos de españoles blancos. Hoy en día, que haya blancos uniendo fuerzas en un proyecto político para lograr la democracia en un país africano, no es excepcional. Pero, en aquella época en la que todavía estaba en boga en África la retórica de los movimientos de liberación que unía presencia de blancos a neocolonialismo a abatir, ese paso exponía al partido a ser un fácil blanco de críticas sangrantes de parte de los propios africanos.

Severo Moto durante su intervención./  Foto: Ricardo Aznar.
Severo Moto, sin embargo, había optado por ese gesto valiente por coherencia  con su su lema favorito: “Hay que seguir la voz del pueblo”. Cuando se le preguntaba cómo había identificado que esta voz iba por ese camino contestaba que las pesadillas de los guineanos no tenían nada que ver con la colonización que, con todos sus defectos, en los años sesenta había convertido a Guinea (sin tener a mano los recursos de petróleo) en la segunda economía más próspera de África, un paraíso que muchos guineanos de su generación aún recuerdan con nostalgia.  El corazón de los guineanos, decía, tenía su identidad profundamente enraizada en la hispanidad, hasta el punto de haber identificado su liberación de la opresión macíista con la marcha de cubano y rusos y la vuelta de los españoles.  


Si algo se reprochaba en su país a la madre patria española, solía decir, era el abandono sufrido tras las elecciones con las que el gobierno del dictador Franco había culminado la descolonización en 1968. Ese, subrayaba, había sido el arranque de los verdaderos sufrimientos del pueblo guineano, con la dictadura prosoviética de Francisco Macías, que había costado la vida a miles de (entre 20.000 y 50.000, según las versiones). Pero, añadía el dirigente guineano, lo importante no era mirar al pasado, que podía disculpar por la impotencia de la España franquista ante el poderoso choque con que la guerra fría había convertido Guinea en uno de sus campos de batalla.



Había que mirar al futuro, decía Moto subrayando eso sí, que esa cooperación entre la madre patria y su antigua provincia debía desarrollarse  en pie de igualdad y de mutua responsabilidad y respeto, borrando ese feo ejemplo que seguían dando muchos países del África poscolonial, especialmente la francófona, donde los blancos de la antigua metrópolis seguían llevando las riendas desde el fondo de un despacho próximo al del ministro de turno mientras sus tutelados se llenaban la boca con una hueca retórica a favor de la recuperación de la “autenticidad” africana. 

Los miembros del Gobierno ecuatoguinano en el exilio pidieron a la autora de este artículo que posase con ellos. /Foto:Ricardo Aznar.


Otro aspecto del Partido del Progreso que me había parecido relevante era el intenso trabajo con el que había acabado siendo admitido en la Internacional Demócrata Cristiana. Había sido una decisión impulsada por el propio Severo Moto frente a la opinión de algunos de sus compañeros que le habían advertido de lo poco oportuno que resultaba para el desarrollo y éxito de los objetivos del partido recién nacido convertirse en el hermano guineano de unas fuerzas que estaban destinadas a languidecer e, incluso morir en la oposición, ante la abrumadora victoria electoral que acababa de llevar al poder al PSOE de Felipe González. Lo “realista” y “oportuno”, según estas voces, hubiese sido buscar apoyos en la internacional socialista, algo que entonces hubiese sido factible, ya que el partido opositor había nacido como una amalgama de sensibilidades (al estilo de la  UCD española) en la que no faltaban destacados intelectuales con vínculos y simpatías con el PSOE. 


Pero Moto (ferviente católico practicante) había logrado convencer a la mayoría de sus compañeros de que la opción demócrata cristiana era la que mejor sintonizaba con el sentir mayoritario de su pueblo, que se ha convertido en uno de los más firmes baluartes de la Iglesia católica frente a la creciente presión proselitista del islamismo en el África occidental. En un momento en que el muro de Berlín todavía seguía en pie y los guineanos todavía tenían muy reciente el trauma de la dictadura con retórica seudomarxista de Macías, era evidente que esa voz del pueblo huía despavorida de cualquier etiqueta política que les evocase esa pesadilla de terror a lo Pol Pot. 
Severo Moto con su esposa Margarita, una nieta y la autora. /Foto:R. Aznar.

Moto y los demás dirigentes confiaron en que el PSOE, como suele hacerse en términos geopolíticos, dejaría a un lado las diferencias ideológicas y valoraría  su probada militancia a favor de la vuelta y permanencia de la influencia española en Guinea Ecuatorial. Se equivocó ya que Felipe González prefirió mirar hacia otro lado mientras Obiang, en continuidad con el antiespañolismo de su antecesor, estaba consolidando el giro con que había incluido el país en la zona del franco francés, imponiendo  una francofonización que acabó siendo frustrada por la férrea resistencia del sentimiento prohispano de los guineanos.

No faltó quien le reprochó a Moto de haber pecado de ingenuo y falta de realismo polítoc por esa decisión que marcó desde entonces la actitud hostil del PSOE hacia la formación. El líder opositor sigue todavía hoy asegurando que, de haberse arrepentido, hubiese podido aprovechar las muchas ofertas que siguió recibiendo del socialismo para pasarse a su bando. Su actual número dos, Armengol Engonga suele decir que esta firmeza es lo que distingue el Partido del Progreso de otras fuerzas opositoras que acabaron perdiéndose en el camino de la lucha.

Fui testigo en 1988 de cómo estas convicciones no siempre fueron correspondidas por los partidos españoles hermanos. A finales de los ochenta, su escaso apoyo obligó a que la incorporación a la Internacional Demócrata Cristiana del partido guineano se hiciese dando un rodeo a la madre patria, buscando apoyos en los países de la América hispana. También falló su solidaridad en la Operación Retorno en Libertad. Pero eso, lo dejo para otra ocasión.




miércoles, 17 de septiembre de 2014

Hollande quiere estrenar en Libia el nuevo despliegue militar francés en África. Pero antes tiene que convencer a Argelia

Hollande con Buteflika durante la visita del presidente francés a Argel. /foto: www.elysee.fr
 
Mientras todo el mundo tiene el ojo puesto en la nueva intervención de EEUU en Irak contra el Estado Islámico, ha pasado desapercibida la gran intervención que Francia ha puesto en marcha en el Sahel africano. Se trata de la Operación Berkhane iniciada el pasado 1 de agosto a partir de la operación Serval con la que intervinieron el año pasado en Malí para acabar supuestamente con la amenaza yihadista que se había extendido por el norte de este país y, sobre todo, frenar la secesión proclamada por los tuareg.

Según ha explicado el Gobierno de Hollande, esta nueva misión no sólo pretende sustituir a la operación Serval en Malí, donde quedará una base fija de unos mil efectivos franceses, sino que amplía su radio de acción para crear un “cinturón” de lucha antiterrorista en cinco países del norte de África, todos ellos antiguas ex colonias africanas francesas: además de Malí, Chad, Burkina Faso, Níger y Mauritania. 
 
La base de este operativo con el que el ministerio de Defensa galo se propone contrarrestar la amenaza yihadista desde el Cuerno de África hasta Guinea Bissau, emplea ya a unos 3.000 efectivos que podrían ampliarse según necesidad y que tendrán su base principal en Yamena, la capital chadiana.

En el marco de este despliegue, Hollande tiene un objetivo que quiere cumplir cuanto antes: intervenir en Libia. Oficialmente, el pretexto es acabar con el caos en que este país africano se hundió desde que lo tocó la revuelta de la llamada primavera árabe que acabó con el régimen de Muammar el Gaddafi. Pero el argumento no le convence al presidente argelino Buteflika que se ha negado en rotundo tanto a las propuestas francesas para que se una al cinturón saheliano para dar cobertura a esta intervención, sino que ha rechazado públicamente de plano toda intervención extranjera en sus fronteras. 

Desde París se insiste machaconamente en que el avispero libio amenaza la seguridad y estabilidad regional, incluyendo la de la vecina Europa. Hollande  pretende así convertir su plan de intervención en una pata de esa respuesta global a la amenaza islamista de Obama que él ha ido a respaldar esta semana a Irak (¡dónde quedaron los tiempos del No a la guerra promovido por Chirac!). 

Los temores argelinos ante los planes franceses para Libia


Desde Argel, se contesta que una intervención armada no es la solución para acabar con el desastre libio y que cabe la posibilidad, incluso, de que empeore las cosas.  Hay voces que con menos diplomacia acusan claramente a Francia de querer llevar adelante una dinámica similar a la que algunos llaman ya la tercer guerra de EEUU en Irak, en la que la materia prima la ponen los occidentales si bien dándole una apariencia de coalición regional gracias a la participación de países que, en la Operación Berkhane, son destacados  y sumisos peones de la Françafrique.

Los hay también en Argelia que, sin pelos en la lengua, han dicho alto y claro que el auténtico objetivo de esa intervención en Libia es debilitar la influencia argelina y su posición de potencia regional haciendo su propio juego, generalmente en discordia con los objetivos franceses, como se ha visto con claridad en la cuestión del Sáhara Occidental. En Argel se dice que ese mismo objetivo fue el que hizo que Francia  (y no EEUU como solemos decir en España) fuese la principal potencia instigadora de la intervención de la Otan en apoyo de los sublevados al coronel libio Muammar el Gaddafi a la que Argelia, por cierto, también se opuso.

 Por la misma razón, tampoco les pareció una casualidad que, seguidamente, fuese Francia el primer Estado en reconocer al supuesto Gobierno de transición de Mustafa Abdel Jalil. Tampoco han olvidado lo que Sarkozy le contestó a la entonces estrella en ascenso hoy olvidada, que pidió la intervención de Francia ante el apoyo que él aseguraba los argelinos estaban dando a las fuerzas de Gaddafi: “Tened paciencia, ya veréis lo que ocurre en Argelia en un año”… “Hoy Libia, Argelia en un año e Irán en tres..."


Hollande en su reciente visita a Irak en apoyo a la lucha contra el Estado Islámico./www.elysee.fr

No se cumplieron las previsiones de Sarkozy sino las del presidente Buteflika que advirtió ya entonces que las soluciones impuestas desde afuera no iban a resolver el problema. Tras la intervención, Libia fue a peor y fue el punto de arranque de esa otra guerra que puso en llamas el norte de Malí. En cuanto a Argelia, la metedura de pata de Sarkozy con lo de “dentro de un año le tocará a Argelia” sumada a la ansiedad desencadenada entre la opinión pública argelina por el desastre libio y maliense amenazando con extenderse a su casa,  aseguraron que Buteflika superase airoso unas nuevas elecciones.

Tres años después de la caída del coronel Gaddafi, sigue en Argel (y pese a los achaques de la edad) la clase política que humilló el colonialismo francés y que en París han visto desde la independencia argelina como el gran obstáculo a sus planes de permanencia neocolonial en la región. Lo cual no impide que en Argel muchos vean en la nueva misión saheliana de Hollande un nuevo intento de repetición de la jugada de Sarkozy a ver si esta vez les sale bien.

Tan fuerte es el sentimiento de esta amenaza que Hollande ha enviado esta semana a Argel el jefe del Estado Mayor francés, el general Pierre de Villiers. Se supone que la misión del general es la de intentar tranquilizar al primer ministro Abdelmalek Sellal. Todavía no hay señales de que el general le haya convencido de que esa tradicional política hostil y revanchista que tanto temen los políticos del FLN forma parte de una era que acabó con la visita del actual presidente Hollande a Argel en diciembre de 2012.

P.D. El viernes hablaremos de este asunto y otros muchos en el programa de radio de El Vórtice Entre Líneas. A las 12 horas en directo y los que no puedan pero quieran se lo descargan de la web o página facebook. 



sábado, 6 de septiembre de 2014

El régimen de Marruecos no quiere que los españoles se enteren que las oleadas de emigrantes africanos las provocan en Rabat


Un equipo de la Cruz Roja asiste en Tarifa a los emigrantes llegados en pater desde Marruecos.



Dicen los colectivos de apoyo a los emigrantes subsaharianos que desde Marruecos intentan llegar por tierra o por mar a España, que las agresiones sufridas en Tánger por la investigadora en movimientos migratorios Helena Maleno, se deben a la labor que están haciendo las organizaciones defensoras de derechos humanos para denunciar la violencia a la que se exponen los inmigrantes que intentan cubrir la última etapa hacia Europa. Sin embargo, el colectivo de derechos humanos con el que esta española colabora en Tánger, Cruzando Fronteras, al igual que otras muchas organizaciones similares, viene realizando su trabajo del lado marroquí desde 2002 sin que nunca se hubiese tenido noticias de que allí hubiesen hostigado sus actividades.

 

El cambio de tercio se produjo cuando Maleno empezó a denunciar que las autoridades marroquíes estaban contribuyendo con alevosía y premeditación a que este verano diese una cifra récord de pateras de sin papeles africanos dispuestos a jugarse la vida en la arriesgada travesía hacia España. Sus informaciones contribuyeron así al importante cambio que se ha producido en el relato periodístico sobre los asaltos a las vallas en Melilla y Ceuta y el flujo de las pateras que, hasta ahora, se solían limitar al dato escueto de que se habían producido avalanchas y oleadas de supuestos invasores y, por lo general, sólo denunciaban las violaciones de los derechos humanos y los malos tratos a los inmigrantes en el lado español de la frontera.

 

 Pocos días antes de ser brutalmente agredida por un grupo de marroquíes, Helena Maleno contó en numerosos medios que las autoridades alauitas no sólo habían dejado de vigilar la frontera sino que habían filtrado a los colectivos de emigrantes subsaharianos en Tánger los días y franja horaria en la que podían echarse a la mar sin peligro a ser detenidos.

 

 Otro dato importante que hizo público Helena Maleno es que en el barrio de Bujalef, donde se concentran los emigrantes que aspiran a dar el salto a la orilla norte del Mediterráneo, supuestos grupos de ciudadanos marroquíes ebrios de racismo estaban atacando a golpe de machete a los subsaharianos para forzarles a subirse a las pateras. Hay analistas que han sugerido que estas agresiones son consecuencia del descontento que le ha creado al propio majzén la política con la que ha consentido la acumulación de sin papeles en la ciudad. Pero la activista española, a través de su twitter, dejó clara la connivencia de la policía marroquí con estas acciones y reprodujo testimonios de las víctimas como éste: “Quieren que nos echemos al agua como locos, eso es lo que quieren, o eso o vivir agredidos constantemente". 

Unl emigrante muerto en las redadas de Tánger en el twitter de Maleno.

   

 

La prensa en España ya venía haciéndose eco desde julio de que el nuevo flujo de pateras contaba con la complicidad de las autoridades marroquíes en un intento por “recordarle” a Mariano Rajoy lo importante que es que en Rabat se tomen en serio la labor de freno a los subsaharianos que le evita al Gobierno la mala imagen que dan los reportajes de los Centros de Internamiento y centros deportivos de Tarifa atestados de nuevos llegados o, peor aún, las fotos retratando a los efectivos de la Guardia Civil y la policía mientras repelen a los emigrantes en Melilla a mamporrazo limpio. Incluso el diario norteamericano New York Times publicó una larga información con un titular más claro que el agua: “España sospecha que Marruecos permitió una breve oleada de emigrantes”


 

 El mismo día en que salía publicada esta información, Helena Maleno fue agredida por un grupo de cincuenta supuestos xenófobos que se habían lanzado a rematar su labor disuasoria con los emigrantes que no habían seguido sus advertencias. Hubo un muerto y, según la propia Maleno, a ella la salvó  el auxilio recibido por los propios emigrantes atacados. En su relato, hay que destacar que los agresores marroquíes fueron a por ella siguiendo las indicaciones de un comisario de policía que se rió a gusto mientras a ella le gritaban lindezas como:  “cristiana de mierda" “Sáhara marroquí” o “puta española, véte a Tinduf" (sur de Argelia, donde se encuentra los campos de refugiados saharauis). Tampoco hizo nada el policía cuando a ella la golpearon, medio desnudaron y vejaron sexualmente. 

 

 Es evidente que a las autoridades marroquíes no les ha gustado nada que Maleno diga cosas como que los inmigrantes no deben ser una “mercancía a sacrificar en medio del juego político de Marruecos y el Estado español”. A las españolas tampoco les ha debido gustar porque la decisión del Gobierno de Rajoy de no pedirle explicaciones a Rabat por lo ocurrido, tiene el aroma de una advertencia del tipo: “no cuentes con nuestra protección si sigues por ese camino”. 


Otro herido en los ataques  xenófobos marroquíes.
Que el aumento de pateras y de las avalanchas contra las vallas no tienen que ver, como ha dicho el delegado del gobierno en Melilla, con una “moda”, era una verdad que hasta ahora sólo manejaban con soltura una muy reducida minoría de españoles: especialistas en el norte de África, diplomáticos y, por supuesto los vigilantes españoles de la frontera en Ceuta y Melilla que siempre han visto como sospechoso que las ONG y periodistas sensibilizados con los sufrimientos de los subsaharianos, dispusiesen oportunamente de la información necesaria para poder hace la foto al pie de la valla, justo en el momento en que los subsaharianos se lanzaban a la carga contra el lado español.

 

Pero la voz de Maleno, reproducida por varios medios, ha hecho que buena parte de la opinión pública española tenga ahora también claro que estos movimientos tienen mucho que ver con las ganas de Mohamed VI por apretarle las tuercas al Gobierno español de turno. Por cierto, fue una gran alegría que TVE le diese cancha a Maleno en sus telediarios. Me ha resultado en cambio sorprendente no haber encontrado ni una noticia en el diario El País que se hiciese eco de la agresión a Maleno a la que desde luego conocen, como se puede comprobar en artículos anteriores al incidente en que reproducían sus declaraciones para apoyar las críticas a la actuación española. Hoy en el twitter @HelenaMaleno leo que la activista tiene bronca con El País al que no le ha querido dar una entrevista a toro pasado con la que el diario hubiese podido disimular la omisión. No me extraña. 

 

 

PD. De este tema de las pateras azuzadas desde Marruecos también hemos hablado en el programa del viernes en la radio de El Vórtice. Aquí van los enlaces para que os animéis a escucharlo,  con dos posibilidades:

1) http://www.elvorticeradio.com/2014/09/06/el-vortice-entre-lineas-5-9-14/
2) http://www.ivoox.com/vortice-entre-lineas-audios-mp3_rf_3469577_1.html

jueves, 26 de junio de 2014

Rajoy descubre en Guinea Ecuatorial la importancia de las cumbres de la Unión Africana


El presidente Mariano Rajoy en el encuentro que mantuvo ayer con el dictador Teodoro Obiang. / Pool Moncloa.


Mariano Rajoy ha aterrizado en la antigua Santa Isabel de Guinea Ecuatorial. Según la versión oficial, el presidente del Gobierno español no ha hecho este viaje para hablar con el indeseable dictador Teodoro Obiang sino para asistir a la XXIII cumbre de la Unión Africana que este año se celebra en el único país hispanohablante africano al sur del Sáhara.  En los informativos de Televisión Española se da la noticia de la intervención española en la cumbre, como si fuese lo normal contar con tan alta representación a una reunión en la que no va a haber más mandatario de la Unión Europea que el nuestro.

El énfasis que ahora se está poniendo desde el Ministerio de Exteriores en lo importante que debe ser para España estrechar vínculos con el continente africano, contrasta con el escaso interés mostrado por el Gobierno español por la XXI cumbre que hace un año, por estas mismas fechas, se celebró en Addis Abeba, la capital de Etiopía. Ese, sin embargo, sí fue un evento muy especial (como ya contamos aquí), ya que los países miembros de la Unión Africana celebraban con gran solemnidad el 50º aniversario de la fundación de su organización.

El secretario de Estado estadounidense John Kerry, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, la presidenta brasileña Dilma Rousseff, el vice primer ministro chino Wang Yang (como enviado del presidente Xi Jinping) o el presidente francés François Hollande acudieron a Addis Abeba para resaltar la importancia que tiene en las agendas de sus Gobiernos un continente del que ya no sólo se habla con motivo de hambrunas y guerras sino como polo de desarrollo económico.  Lo normal, es que Rajoy o García Margallo no se hubiesen quedado atrás. Pero, la representación española se limitó a una delegación encabezada por el director de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo AECID, Juan López-Dóriga. En la prensa, como es lógico, no se dedicó ni una línea a tan bajo nivel de representación en la XXI cumbre africana.

El presidente Rajoy a su llegada esta madrugada a Malabo, antigua Santa Isabel. /Pool Moncloa

 No es que en Madrid no se hubiesen enterado el año pasado de la importancia del evento para la política africana. Durante la semana de los festejos del cumpleaños de la organización, la página en Internet del Ministerio de Exteriores lució una vistosa felicitación para lo que se calificaba de aniversario histórico  con un enérgico mensaje: “España, muy comprometida con África” (aquí lo pueden consultar).  Del contenido de este texto se deducía que la diplomacia de Rajoy había tomado nota de los datos económicos con los que el Banco Mundial acababa de reiterar sus esperanzas de que el continente se convierte en un “león” de la economía emergente ya que, pese a la tormenta financiera internacional, África no sólo ha crecido sino que se prevé que lo siga haciendo a un ritmo del 5% en los próximos dos años. De hecho, en su felicitación escrita no sólo hablaba de solidaridad sino que ponía el debido énfasis en los cambios positivos que están haciendo posible que África, sea por fin “un continente en plena expansión” y “una región de enormes posibilidades”.

También se aludió entonces a la posición privilegiada que tiene España para profundizar en las relaciones económicas con África por su vecindad al continente. Pero, a la hora de la verdad, se fue para Addis Abeba el responsable de la Cáritas gubernamental y con un discurso que bien podría haber hecho Zapatero, identificando acción exterior en África con “solidaridad y compromiso con el desarrollo del continente”.  

Ahora la diplomacia española se está desviviendo porque la opinión pública comprenda este encuentro africano es una valiosa oportunidad para lograr los votos que España necesitará en la ONU el próximo otoño para lograr el asiento al que aspira en el Consejo de Seguridad. Pero, o Rajoy y García Margallo acaban de descubrir que más de una cuarta parte de los votos de la Asamblea General están en África, o hay gato encerrado en este viaje. Todo apunta a que tiene que ver más con el petróleo que maneja como propiedad privada el dictador Obiang, que con la importancia para los intereses de España de la Unión Africana.

jueves, 27 de marzo de 2014

Aminetu Haidar en el Capitolio: pros y contras para la estrategia anexionista marroquí




Aminetu Haidar poco antes de entrar en el Capitolio. foto: Kate Kelly (RFKcenter)


Aminetu Haidar viajó a Washington esta semana  para dar una conferencia en el Capitolio. Desde Marruecos se ha intentado quitar importancia al evento señalando que la "Gandhi saharaui" no estuvo el lunes en una  de las sesiones parlamentarias sino en una sala para invitados y que todo se redujo a un sarao comprado con el dinero de los hidrocarburos argelinos. Lo más suave que se ha dicho en Rabat es que a la política anexionista le ha venido fetén que Haidar hablase en Washington porque así se demuestra que la ocupación del Sáhara Español no es tan represiva como dicen sus enemigos y que ellos dejan viajar a la población del territorio con absoluta libertad de movimiento y de expresión. Como si los demás no nos acordásemos de la“expulsión” de Aminetu en 2009

Por mucho que se empeñen, la intervención de Haidar en la sede del Congreso estadounidense es importante puesto que, hasta ahora, los únicos que hacían exposiciones y actos en esas salas dispuestas para la actividad no estrictamente legislativa, eran los portavoces del majzén. A ello hay que sumar que la intervención de Haidar haya tenido lugar en fechas muy próximas a la reunión del Consejo de Seguridad que, como cada año, decidirá  si continuar o no con la MINURSO (Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara). 

El pasado año, la diplomacia estadounidense planteó en los debates que decidieron la permanencia de los cascos azules un boceto de resolución a favor de que la MINURSO tenga poderes para supervisar las violaciones de los derechos humanos en la antigua provincia española número 53. Es un tema del que en Rabat no quieren ni oír hablar. Pero, a la luchadora saharaui, que desapareció durante años en las mazmorras marroquíes precisamente por intentar abordar una misión de representantes de la ONU en visita en El Aaiún, se lo han puesto en bandeja para exigir en su intervención ante un buen número de congresistas que EEUU apoye en los debates onusianos que los cascos azules hagan en el Sáhara Español lo que suelen hacer en otras misiones de paz. 

La prensa estadounidense no se ha hecho eco del evento en el Capitolio pero, con este golpe de efecto, la clase política americana se ha ganado el corazón de los saharauis y un nuevo pretexto para volver a poner sobre el tapete la resolución que sus diplomáticos dicen el pasado año acabaron retirando por la oposición de los marroquíes y sus aliados franceses y españoles.

Haidar  con el congresista Jim McGovern de Massachusets./@Kate_Kelly_Esq
 Hay quien sostiene que este gesto norteamericano podría no ser más que un apretón de tuercas a Mohamed VI para lograr contrapartidas, por ejemplo,  en negociaciones en el sector hidrocarburos.  Ojalá no sea así. De lo que no hay duda, es que pase lo que pase en abril en Nueva York, la petición de Haidar en Washington refuerza la presencia de Estados Unidos en la solución del conflicto, junto a Francia y España a las que corresponde un papel por derecho propio por su pasado colonial en la zona. 

Otra consecuencia del viaje de Haidar en Washington son sus saludables efectos para el Frente Polisario que puede capitalizar lo que se ha calificado algo exageradamente como de un gran triunfo histórico y airearlo ante su propia opinión pública en los campamentos de refugiados en Tinduf. Con ello tiene ganada una nueva prórroga a quienes ya no pueden más de una mediación onusiana que, desde 1991, parece hacer lo imposible por no cumplir su propio plan de paz y exigen volver a las armas. 

Si lo tomamos por ahí, sí que llevan razón los fieles del majzén al decir que el viaje de Haidar les favorece: tiene muchas más garantías para el mantenimiento del status quo un Frente Polisario capaz de mantener el control sobre su gente, que una explosión de ira popular ante unos dirigentes sin pescado que vender. El "avance" será visible independientemente de que en la ONU salga lo que los marroquíes no quieren ni en pintura. Pero si luego en la reunión del Consejo de Seguridad EEUU abanderase y lograse imponer tareas de control sobre los derechos humanos a la MINURSO, el triunfo será sobre todo de Aminetu Haidar, dirigente saharaui en los territorios ocupados, y de su capacidad de convicción en Washington. El resultado sería parecido pero no igual para la dirección del Frente Polisario de la que Haidar no forma parte. Tampoco sería lo mismo para los okupas marroquíes del Sáhara Español.

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