Una mirada a África como tablero de la geopolítica internacional

lunes, 21 de junio de 2010

EL EXTRAÑO CASO DEL TRADUCTOR JURADO NACIDO EN LA "PROVINCIA" DEL SÁHARA



Era una noticia extraña. Me enteré a través de la lista de correos del profesor Portillo y su equipo de infatigables rastreadores del ciberespacio en busca de noticias que den pistas sobre qué pasa con el conflicto del Sáhara Occidental. Aparentemente, la información parecía más propia de la esfera de la lucha contra la delincuencia tanto por el título – La policía destapa una red de falsos traductores- como por su contenido: una operación policial con cuatro detenidos. Pero, a los ojeadores no se les había escapado un dato de lo más extraño en la información: el supuesto jefe de la red delictiva, se encontraba en el Sáhara Occidental cuando la policía culminó la operación para acabar con sus actividades en Barcelona.

Efectivamente, como sugería la anotación de los vigilantes, algo raro se percibía entre las líneas del artículo porque, para poner énfasis en la gravedad del delito de la supuesta red, se subrayaba que el falseamiento de documentos jurados traducidos del árabe puede ser un asunto muy sensible “por las implicaciones de los documentos en árabe”. Ya sabemos a qué tipo de implicaciones se alude cuando está el árabe de por medio...

Sumamente intrigada, le dediqué a la pieza una lectura más atenta y relajada. Me fijé en el nombre del jefe de la supuesta red de falsificadores y, mira por dónde, le conozco. Se llama Mohamed Brahim y, a pesar de su apellido es español de nacimiento por haber nacido en Villa Cisneros, lo que hoy llamamos Dajla, en los tiempos en que el Sáhara Occidental era la 53 provincia española.

Brahim no dejó de ser español ni siquiera cuando Marruecos invadió el Sáhara Español en 1975 y las tropas españolas que (según el derecho internacional) debían de haber defendido el territorio salieron corriendo. No lograron privarle del carnet de identidad con el que había nacido: ni los invasores marroquíes que, además de asesinar, detener, torturar y saquear obligaron a los saharauis que no habían huido a entregarles su documentación española; ni las vergonzosas trampas con que la administración española intentó aprovechar la confusion y penalidades de la guerra provocada por su abandono para no renovar la documentación a los que estaban demasiado ocupados en salvar la vida de los bombrdeos de napalm como para personarse en las ventanillas que requería la renovación del DNI.

Fijaros si Brahim es español que, para sacarse el pasaporte, como todo varón de aquella de época, tuvo que hacer casi dos años de servicio militar. Hay que recordar que entonces la mili era asunto forzoso pero sólo para españoles de pura cepa. Fue una mili especialmente tremenda, suele decir él cuando dedica un inciso a esta parte de su vida. Y es que, además de tocarle en Galicia, con ese clima que era lo más opuesto al que estaba acostumbrado, allí le pilló el 23-F de Tejero...Después de terminar la mili, como muchos jóvenes españoles, decidió seguir estudiando y preparó y sacó los difíciles exámenes que se exigen para la titulación de traductor jurado, la profesión que ejerce para el idioma árabe desde 1986. Fue así como se convirtió en el único traductor jurado del árabe (por lo menos hasta la fecha) procedente de la provincia del Sáhara Español.

Abro un parentesis aquí para explicar esta interesante actividad que no es la de un traductor cualquiera ya que, como suelen explicar las muchas webs que publicitan estos servicios, no todos los traductores, incluyendo en ello a los licenciados por las muchas universidades que ofertan estudios de Traducción e Interpretación, sirven. Tienen que estar habilitados por el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y su nombre, dirección, números de teléfono y dirección de correo electrónico debe constar en el
"Listado actualizado de los Traductores-Intérpretes Jurados en ejercicio" que incluye la web del ministerio.

No es fácil cumplir con los requisitos que se exigen para poder lograr del ministerio la concesión del título que, como se explica en la web del ministerio, “habilita para realizar traducciones y/o interpretaciones juradas de una lengua extranjera al castellano y viceversa en todo el territorio español”. De hecho, la lista de traductores jurados acreditados para el árabe apenas superan la treintena a pesar de que, como explican muchos artículos especializados en el tema, el aumento de la emigración magrebí en los últimos años, ha animado a muchos aspirantes a presentarse a los exámenes que se convocan anualmente. El que, después de mucho esfuerzo, logra pasarlos (como fue el caso de Brahim), recibe del ministerio un sello que tendrá que estampar junto a su firma en la traducción de, por ejemplo, un certificado de matrimonio, nacimiento, defunción, o de antecedentes penales, o también un título universitario, expediente académico, contrato o escritura procedente de países donde el idioma es el árabe para que tenga validez legal en España. Vamos, que sin ese sello, ya puede ser buena la traducción que no tendrá garantía legal de que “la traducción producida es fiel y exacta a la del texto original”, que se exige para que el documento sea aceptado por la administración en el trámite que el interesado tenga en curso.

Pude localizar a Brahim y me facilitó el boletín publicado por la Asociación de Traductores e Intérpretes Jurados de Barcelona de la que ha partido la acusación de “falsedad” e “intrusismo” que desencadenó la operación policial. Sin esperar a que los tribunales se pronuncien, este boletín publica la denuncia contra Brahim como si éste ya estuviese condenado. Dato importante para los no entendidos: cuando se lanza la acusación de que las traducciones de Brahim son falsas se entiende por ello que no las hizo él, de su puño y letra, sino otros traductores que no tienen título de traductor jurado pero que se pueden ganar un sueldo con esta actividad gracias a que ponen en sus trabajos el sello de Brahim que él supuestamente les alquila.

A partir de ahí la denuncia publicada en dicho boletín advierte a la policía del peligro que supone la puesta en circulación por la empresa de Brahim de un millar de documentos “falsificados” (es decir, traducciones no auténticas de Brahim) sólo en Barcelona, a los que habría que sumar las “falsificaciones” realizadas en otros “chiringuitos” (con gente que supuestamente traduce en su nombre) que le acusan de tener en otras ciudades de toda España. “Una simple traducción jurada no veraz de un certificado de penales puede permitir la entrada en territorio español con cobertura legal de un terrorista o de todo tipo de delincuentes”, advierten los denunciantes.

Brahim asegura que él no alquila su sello de traductor jurado a nadie y que la situación es la siguiente: tiene una empresa con cuatro empleados que cuenta con una oficina de traductores abierta al público en Barcelona y otras ciudades. Es más, dice que sus cuatro empleados, dos de ellos en la oficina de Barcelona y dedicados a labores administrativas, en contra de lo dicho en la prensa, no están detenidos ni lo estuvieron en ningún momento, que sólo fueron a declarar previa citación judicial.

Los denunciantes, sin embargo, aducen en su acusación que esa gente hace su trabajo sin estar acreditada para ello y que la prueba es que con todo el trabajo que pasa por su despacho, Brahim ni siquiera tiene residencia en Barcelona. “¿En la era Internet? Como si no existiesen todavía los
e-phones para conectar en todo momento con tus subalternos, estés donde estés”, responde Brahim que alega que no hay norma que le impida aprovechar estos adelantos que nos brinda la moderna tecnología para ampliar su negocio.

Efectivamente, no parece que sea el único al que se la ocurrido la idea de sacar punta esta conectividad. Varias webs de empresas del sector destacan (como esta de "Jurada") estar “en posición de poder ofrecer a sus clientes un servicio de traductores e intérpretes jurados
online con todas las garantías de profesionalidad y calidad en cada uno de sus proyectos de traducción.” Tan generalizada debe de estar esta práctica, que algunos blogs dedicados a este tema parecen salir en defensa de los traductores que no han aprovechado de estas ventajas para ampliar el negocio y advierten al posible cliente de que “evite en la medida de lo posible intermediarios (agencias de traducción) y contacte directamente con el traductor jurado en cuestión”, añadiendo que “la agencia intermediaria tiene la única función de mandarle el texto al traductor jurado y enviarle a usted la traducción realizada por éste…”

Resulta desde luego un mundo fascinante y buen reflejo del cambio social obrado por la variedad del fenómeno inmigratorio. Por ejemplo: Kamel Salim Mansour, uno de los tres traductores jurados del árabe con oficina en Barcelona, asegura en su web disponer de una red de contactos (probablemente gracias precisamente al milagro Internet), que le permite disponer a su empresa de “un abanico idiomatico que abarca más de cien idiomas, entre los que figuran, desde al afgano, el eslovaco, el chino, sueco o finlandés, al akai, swahili, amazigh, fula, armenio, mandinga, bassa, macedonio, hindi, yoruba, jola o kikongo...

Pero volvamos a Brahim. Es curioso que, al volver a repasar los argumentos de los denunciantes, después de una larga retahíla sobre que si la labor del traductor es “indelegable, personal e intransferible como no lo es la del notario” (como si los notarios fuesen los que preparan los documentos personalmente a máquina que luego firman), acaban por reconocer que el pecado de Brahim es que se ha montado una estructura que le permite multiplicar su capacidad de trabajo y el único problema que le ven es que él no resida donde ejerce, dando a entender que esa es una "condición ineludible" para ejercer la profesión.

Los abogados de Brahim se remiten al Boletín Oficial del Estado, donde se establecen los requisitos para actuar de traductor jurado y, donde, efectivamente, no se dice nada de que Brahim esté obligado a permanecer en una ciudad determinada sino que su título le homologa para ejercer en todo el territorio nacional. Lo que a ellos les parece es que no hay caso, que no hay pruebas y que los documentos que los denunciantes han aportado para demostrar que Brahim debe ser inhabilitado en toda España hay uno en concreto altamente sospechoso. Es, una supuesta resolución de un juzgado de Mataró que habría acordado “no admitir las traducciones” de Brahim por su supuesta deficiente calidad.

Pero resulta que, después de la fecha de la supuesta resolución de Mataró en su contra, Brahim ha seguido trabajando con este juzgado sin que nadie le pusiese el veto a sus traducciones. Así que sus abogados se presentaron en Mataró a investigar de dónde había salido esa supuesta resolución que los denunciantes esgrimen como prueba de su culpabilidad. Como allí les dijeron que no tienen ni idea de quién pudo firmarlo , los abogados han pedido al juez instructor del caso de Brahim que investigue la procedencia de dicho documento, por falta de coherencia, fiabilidad, y autenticidad.

El acusado tiene la certeza de que todo el lío parte de un rival que durante años ejerció en Barcelona sin competencia y que no ha digerido que su despacho acabase con esa situación tan cómoda. Lo que él se pregunta es qué habría pasado si en lugar de llamarse como se llama, en su carnet de identidad pusiese Manolo García, por poner un ejemplo. Le duele, dice, la sospecha de que sea el estigma del terrorismo islámico que ahora ronda a los apellidos árabes lo que haya servido a sus rivales para meterle en semajante embrollo disparando la alarma de la Unidad Contra Redes de Inmigración y Falsificaciones (UCRIF).

Mohamed Brahim asegura que todo se aclarará finalmente, que confía en el estado de derecho y en el imperio de la ley -que protege y ampara a todos por igual- , aunque , mientras, está sufriendo un grave perjuicio a su reputación y su negocio de un modo irreparable. Como tampoco lo tendrá el disgusto de haber comprobado que, a pesar de su nacionalidad de origen - no tuvo que renunciar a ninguna anterio - pasaporte y su servicio militar en Galicia, los españoles que como él tienen apellidos árabes, están condenados a permanecer como españoles bajo sospecha en los ficheros de extranjería.

1 comentario:

daayam dijo...

Buenos días, buscaba cursos para sacar el título de traductora jurado en árabe-español, y me encontré con ese artículo, que me recuerda los que escribe Almudena Grande en la revista “El País”.
Soy Saharaui, manchega y abogada.
Leer este artículo, solo saco una conclusión y es que cuando se trata de saharauis, no solo se le persigue por ser musulmanes o árabes, sino en España, también por ser saharauis, y no hay que olvidar la CÍNICA y VERGONZOSA ACTITUD DE ESPAÑA, respecto al problema del pueblo saharauis, que España solita creo y sigue creando cuando.
Que queda claro que no es el pueblo español el que nos trata mal sino los distintos gobiernos españoles.
Gracias

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